El diseño de viviendas me conecta con mi infancia y con mi familia. En casa siempre había revistas de decoración. Durante los veranos, mi abuela y yo pasábamos horas hojeándolas, marcando cada inspiración, soñando con la casa que diseñaríamos y en la que viviríamos juntas cuando yo cumpliese 18
Ese plan maravilloso nunca llegó a cumplirse. Pero sí me conectó emocionalmente con la arquitectura. Desde entonces, he seguido observando cómo vivimos, qué nos hace sentir bien en casa, cómo los espacios influyen en nuestra vida familiar.
Una vivienda no es solo una cuestión estética. Es un espejo de las relaciones que en ella se viven. Es refugio, es vínculo, es equilibrio.